HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO IX: ASAKUSA Y TOKYO SKYTREE

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO IX: ASAKUSA Y TOKYO SKYTREE

Parque Ueno

En nuestro anterior viaje a Tokio en el verano de 2009 elegimos instalarnos en un Ryokan (hotel de estilo tradicional japonés) en el barrio de Asakusa. Y nos gustó tanto el barrio que decidimos volver a visitarlo. Así que después del madrugón y del desayuno pertinente en el hotel salimos hacia la estación para tomar el tren y dirigirnos a Asakusa. Pero esta vez decidimos hacer una pequeña parada antes de llegar a la estación para echar un vistazo rápido al parque de Ueno, aunque solo a una parte, ya que es un parque bastante grande con varios museos e incluso un zoológico. También es conocido por albergar la estatua del último samurai, la cual habíamos visto en 2009.

Estuvimos haciendo unas cuantas fotos en la Charca Shinobazu, cuya superficie está toda repleta de plantas de la Flor de Loto, con sus hojas verdes de un tamaño considerable y sus características flores rosas. En el centro de la Charca hay una pequeña isla donde se encuentra el Templo Bentendo, un templo budista dedicado a Benten, Diosa de la fortuna, el amor, la música y el conocimiento.

Templo Senso-ji, Asakusa

Después de tomar una cuantas fotos nos dirigimos, ahora sí, a la “Ueno Station” a coger el metro hacia Asakusa, apenas unas tres paradas de la Línea Ginza. Al salir de la Estación de Asakusa nos dirigimos directamente hacia Kaminarimon, la Puerta del Trueno. Llama la atención el gigantesco farol de color rojo de unos 4 metros y más de 650 Kg de peso colgado del centro de la puerta. A los lados hay dos figuran representativas de los Dioses Raijin (Dios del Trueno) y Fujin (Dios del Viento).

Al atravesar la puerta accedemos a una de las calles comerciales más concurridas y más famosas del barrio de Asakusa, la Nakamise Dori, repleta de tiendas y de puestos de souvenires. Al otro extremo de la Nakamise Dori es donde nos encontramos con la entrada al recinto que alberga el Templo Senso-ji. No estuvimos mucho rato en la Nakamise Dori ya que el plan era visitar primero el Templo y luego volver a las tiendas.

Una vez atravesamos completamente la Nakamise Dori llegamos a la puerta principal del complejo del templo, Hozomon, o Puerta del Tesoro.

Al atravesar la puerta, a la derecha, nos encontramos con una impresionante pagoda de 5 pisos de altura y, justo en frente, podemos ver el edificio principal del templo, el Kannondo Hall, dedicado al Dios Kannon y que alberga una estatua de éste que nunca ha sido mostrada al público. A ambos lados entre Hozomon y el Kannondo Hall tenemos puestos de venta de artículos para los visitantes al templo.

Helados, taiyakis y Asahi

Al pasar por delante de un puesto de helados no pudimos resistir la tentación de refrescarnos. Así que decidimos comer uno de esos que hacen con hielo picado y sirope de… bueno, de lo que quieras porque tenían cientos de sabores.

Después del pequeño descanso mientras nos tomábamos el helado quisimos probar alguna de las galletas típicas que venden en los puestos del templo. Y la verdad es que no quedamos muy satisfechos con la elección, al menos yo, así que, después de estar un rato en la Nakamise Dori viendo tiendas nos dirigimos hacia una de las calles adyacentes donde recordábamos que había un puesto de Taiyakis. Para quien no lo sepa los Taiyakis son pastelitos con forma de pez rellenos, normalmente de pasta de judías típica japonesa, crema o chocolate, aunque en algunos sitios se pueden encontrar con otros tipos de relleno. Nosotros optamos por el chocolate.

Tras el Taiyaki de chocolate nos fuimos hacia el río Sumida donde, cruzando el “Red Bridge” o Puente Rojo, nos encontramos con el edificio Asahi, la marca de cervezas japonesa, y con la característica escultura que corona el complejo, una especie de llama dorada que, en realidad, representa una alegoría de la espuma de la cerveza.

Tokyo Sky Tree

Continuamos dando un largo paseo hasta que llegamos a la Tokyo Skytree, en el barrio de Sumida. Es una torre de telecomunicaciones de 634 metros de altura (incluida la antena), lo que la convierte en el edificio más alto de todo Japón, la torre de telecomunicaciones más alta del mundo y la segunda estructura artificial más alta del mundo después del Burj Khalifa de Dubai. Tengo que decir que la Tokyo Skytree no existía en nuestro anterior viaje a Tokio en el 2009 ya que empezó a construirse en el año 2008 y fue inaugurada en 2012.

La base de la torre se asienta sobre el centro comercial Solamachi, de ocho plantas de altura, con más de 300 restaurantes y tiendas de todo tipo.

Llegados a este punto he de deciros que tuvimos un enorme fallo en nuestra planificación, y es que el 15 de Agosto, al igual que en España, es festivo en Japón, cosa que desconocíamos totalmente. Así que, si en un día laborable normal cualquier sitio de Tokio está repleto de gente no os podéis ni imaginar la cantidad de personas que había en el Centro Comercial y en la propia Torre.

Recorrimos como pudimos varias plantas del centro comercial pero nos fue imposible encontrar algún sitio libre para comer, en todos los restaurantes había una cola tremenda. También era larguísima la cola de gente esperando para subir al mirador de la torre, a unos 350 metros de altura. Así que, después de un buen rato mirando tiendas y buscando un restaurante libre para comer, como se nos hacía un poco tarde y visto el panorama, decidimos alejarnos unas cuantas calles para buscar algún sitio donde llenar el estómago.

Después de comer, como la afluencia de gente en el Centro Solamachi y en la Skytree no aflojaba decidimos volver hacia Ueno y pasar la tarde en Akihabara descansando, que también nos hacía falta. Al día siguiente iríamos a la Torre de Tokyo para subir a los miradores, ya que en el 2009 no habíamos podido hacerlo. Pero eso ya es otra historia.

Salu2.

PD: dedicado especialmente a Laia Miranda, fiel seguidora de este blog y que espero disfrute leyendo esta entrada tanto como las anteriores. Gracias 😉

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKIO (VIII): KAMAKURA (2ª parte)

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKIO (VIII): KAMAKURA (2ª parte)

La estatua, que originariamente tenía todo su cuerpo recubierto de pan de oro y estaba situada dentro de un templo, data del siglo XIII. Pero un tsunami ocurrido unos años después de su construcción destruyó el templo y el recubrimiento, dejando la estatua al aire libre, tal y como la podemos contemplar ahora.

Justo delante del Daibutsu hay un pequeño altar donde la gente deja sus ofrendas a Buda, esencialmente flores y frutas.

El Daibutsu se encuentra sentado, con las piernas cruzadas y las manos en posición de meditación.

Aunque se puede visitar el interior del Daibutsu por un módico precio de 20 yenes no creímos que fuera necesario y no lo hicimos. En la espalda tiene dos ventanas para la iluminación y la ventilación del interior.

Daibutsu, en el Templo Kotokuin

Continuamos con nuestra visita a Kamakura haciendo la siguiente parada en el templo Kotokuin, situado a poca distancia del Templo Hasedera. Lo más destacado del templo Kotokuin es el Daibutsu, una estatua de bronce que con sus 13,35 metros de altura y 121 toneladas de peso es la estatua dedicada a Buda más grande de todo Japón después de la de Nara, la cual habíamos podido ver en nuestro anterior viaje en el 2009. La entrada para ver el Daibutsu nos costó 200 yenes, alrededor de 1,5 €. Nada más entrar te encuentras con una enorme explanada con el Daibutsu en el centro.

Komachidori, la calle más comercial de Kamakura

Se acercaba la hora de comer, así que tomamos un autobús de vuelta a la estación de Kamakura y desde allí nos adentramos en Komachidori, una calle bastante larga repleta de restaurantes y tiendas. Después de descartar varias opciones nos abordó una señora bastante mayor y nos indicó si queríamos comer. Se dió cuenta de que éramos españoles cuando nos escuchó hablar entre nosotros y nos indicó que tenía carta en español. Perfecto. La señora nos condujo a través de un pasadizo hasta su pequeño restaurante donde solo había dos mesas y una pequeña barra, detrás de la cual se encontraba otra señora mayor que era la cocinera. La comida no era muy abundante pero estaba bastante buena y el precio fue muy económico.

Santuario Tusugaoka Hachimangu

Después de comer continuamos por Komachidori hasta llegar al final de la calle, donde nos esperaba el complejo que alberga el Santuario Tusugaoka Hachimangu. Se encuentra situado al final de la calle Dankazura, una larga avenida con una acera central repleta de cerezos. En la entrada al complejo hay un gran Torii que da paso al camino que lleva hasta el Santuario. Tras pasar por debajo del Torii podemos ver dos estanques, uno a cada lado del camino.

Sala de ceremonias y templo principal

Continuando por el camino principal y después de cruzar un pequeño puente de madera llegamos hasta la Sala de Ceremonias (Maiden) donde se ofician bodas y diversos rituales.

Justo detrás del Maiden nos encontramos con una escalinata al final de la cual está situado el templo principal del complejo, el Jogu, dentro del cual hay un museo que se puede visitar todo el año. Justo al lado de la escalinata hay un tronco cortado de un enorme árbol de miles de años de edad, que se mantuvo en pie hasta el año 2010. También encontramos unos barriles de sake como ofrenda al templo, similares a los que habíamos visto en el Parque Yoyogi en Tokio.

El estanque sagrado

Volvimos a bajar la escalinata y nos dirigimos hacia la parte derecha del complejo, donde descubrimos el Estanque Sagrado. Había un niño jugando con una tortuga en el estanque y cuando Raúl y Jose se le acercaron para hacer fotos a la tortuga el niño, ni corto ni perezoso, metió la mano en el estanque y sacó la tortuga para enseñársela. Una anécdota muy divertida.

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (VII): KAMAKURA (1ª parte)

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (VII): KAMAKURA (1ª parte)

Kamakura, ciudad de templos

En nuestro cuarto día de viaje decidimos que había llegado el momento perfecto para realizar la primera de las visitas fuera de Tokio que teníamos programadas. Y escogimos visitar Kamakura.

La ciudad de Kamakura se encuentra a unos 65 Kms de Tokyo y se tarda poco más de una hora en tren: tomamos la línea JR Yamanote en la estación de Okachimachi hasta la Estación de Tokio y allí la línea JR Yokosuka que pasa por Kamakura.

A lo largo del trayecto nos fijamos como iban subiendo familias y grupos de adolescentes que iban a la playa, ya que la línea Yokosuka pasa por varias ciudades costeras.

Nos bajamos en la estación de Kamakura, la que se encuentra más al sur de la ciudad de las dos que tiene, ya que nuestra intención era la de visitar en primer lugar el Templo Hasedera y luego el Daibutsu, el Gran Buda del templo Kotokuin.

Cuando nos bajamos del tren lo primero que hicimos fue entrar a la oficina de información y hacernos con un mapa en español. Jose ya había visitado la zona en un viaje anterior y nos había advertido de que en Kamakura había muchos templos y santuarios para visitar y que sería imposible verlos todos en un solo día. Pero no fue hasta que no vi el mapa que me convencí por completo. Así que había que elegir entre lo que ver aquel día y desistir de ir a otros sitios muy a nuestro pesar.

El templo Hasedera

Decidimos caminar hasta el templo Hasedera dando un largo paseo. Este templo tiene dos niveles claramente diferenciados. En el primero, nada más entrar, nos encontramos con un denso jardín de preciosa vegetación que rodea un estanque.

Estatuas Jizo

Subiendo unas pequeñas escaleras de piedra que hay a mano derecha encontramos lo que realmente impacta de este nivel: son las hileras de pequeñas estatuas dedicadas al Dios Jizo, protector de las almas de los niños no natos o que murieron a temprana edad. Las familias que han sufrido la pérdida de un niño son las que depositan estas estatuas en el templo. Y, desgraciadamente, había muchas, muchísimas.

También es frecuente encontrar estas estatuas ataviadas con gorros y baberos de color rojo, o con montoncitos de pequeñas piedras apiladas a sus pies.

Kannon-do Hall

Continuamos subiendo las escaleras de piedra y llegamos al segundo nivel. Es en éste donde se encuentra el edificio principal del complejo, el Kannon-do Hall, y en su interior una estatua hecha de madera de más de 9 metros de altura que representa a Kannon, la Diosa de la misericordia. Esta estatua tiene 11 cabezas: tres delante, tres a la izquierda, tres a la derecha, una arriba y otra detrás. Cada cara tiene una expresión diferente, dando a entender que la Diosa escucha los deseos de todo tipo de gente.

A la derecha del Kannon-do encontramos las esculturas de los Shitennō, los Cuatro Reyes Celestiales. Cada uno de ellos protege uno de los cuatro puntos cardinales y todos ellos sirven a Taishakuten Señor del cielo de los Treinta y Tres Dioses (al que encontramos en el centro, flanquedo por los Shitennō). Todos ellos protegen tanto a deidades como a los humanos.

Más a la derecha encontramos un archivo de madera giratorio de sutras, pergaminos con discursos en los que se exponen las enseñanzas del budismo. Justo al otro lado del complejo tenemos una pequeña campana con una inscripción que indica que fue hecha en el año 1264 por Mononobe Sueshige.

Y esto es lo que nos dió de sí el templo de Hasedera. Era hora de ir a ver el Daibutsu del templo Kotokuin, pero eso os lo explicaré en otra ocasión.

Salu2.

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (VI): TOKYO STATION

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (VI): TOKYO STATION

Tokyo Station

Tras nuestra visita a la Tokyo Dome City cogimos la línea de tren JR en la estación de Suidobashi hasta la Tokyo Station, nuestra siguiente visita.

La Estación de Tokio o Tokyo Station es una de las más concurridas del país ya que en ella enlazan la mayoría de líneas de alta velocidad de Japón, los Shinkansen, además de varias líneas de tren y de metro.

La Tokyo Station fue construida hace ya un siglo. Lo que más llama la atención al llegar es la fachada del Edificio Marunouchi, convertido en el The Tokyo Station Hotel, que da a la zona de Marunouchi, muy cerca de los jardines del Palacio Imperial de Tokio. La fachada está inspirada en la Estación Central de Amsterdam, construida con ladrillos rojos y ventanales blancos típicos del estilo neorrenacentista del siglo XIX en Holanda.

Bóbeda octogonal

A ambos extremos de la fachada central nos encontramos con unas bóvedas octogonales que coronan la estación.

La verdad es que tuvimos algo de suerte ya que hasta finales del 2012 la fachada ha estado en obras varios años y no era posible disfrutar de ella ya que estaba tapada con andamios y lonas. La han rehabilitado para resistir en caso de un gran terremoto y para que su aspecto se parezca mucho más al original que antes, ya que había sufrido bastantes daños

durante la Segunda Guerra Mundial y había sido remodelada años después, perdiendo parte del atractivo original que ahora ha recuperado.

Interior de la Tokyo Station

Antes de entrar a la estación estuvimos tomando un refresco en el edificio Shin-Marunouchi, justo enfrente.

Después de reponer algo de fuerzas nos adentramos en la estación y nos encontramos con un auténtico laberinto de túneles que llevan a los diferentes andenes o a las zonas anexas a la propia estación, como la de los Shinkansen. Pero lo que a nosotros nos interesaba lo teníamos bajo nuestros pies. Al bajar unas escaleras se nos aparece todo un barrio de largas calles llenas de tiendas de ropa, de complementos y restaurantes.

Encontramos “La Calle de personajes”, con tiendas dedicadas a famosos personajes japoneses, normalmente del manga o el anime. Una de las calles más famosa es “La Calle del Ramen”, llena de restaurantes especializados en servir ramen.

Grand Tokyo North

También podemos acceder directamente a la zona de Daimaru. Es una famosa cadena japonesa que no hace mucho inauguró una de sus tiendas en un edificio adyacente a la Tokyo Station, la Grand Tokyo North Tower, pero al que podemos acceder directamente sin salir a la calle. Se trata de una zona enorme con montones de puestos de comida, tanto japonesa como más occidental, de frutas y de dulces. Platos preparados de todo tipo. Un verdadero espectáculo para el paladar.

Y aprovechamos que ya era la hora de comer para comprarnos unas ricas gyozas y unos pinchos japoneses que estaban buenísimos. Y es que habría que hacer un estudio de por qué la comida preparada en Japón está tan buena, no como la que nos venden en Europa, o al menos aquí, en España.

De postre optamos, por recomendación de Jose, por unas Tokyo Bananas, unos bizcochitos muy tiernos típicos de Tokio con forma y sabor de plátano y rellenos con una jugosa crema de plátano. Nos gustaron tanto que el día que nos volvíamos a Barcelona compramos una caja en el aeropuerto para comérnoslos en el avión.

Don Quijote

Después de pasar un buen rato viendo las tiendas y paseando por la estación decidimos volver a Ueno y, tras la ya tradicional parada en el pub irlandés Stasium, nos dimos un paseo hasta Akihabara. Por supuesto, también hicimos parada en el Bears Papa´s Mille-Feuille para comprar unas bolas de crema. Pero lo que realmente nos llevaba esta vez hasta el barrio tecnológico era una visita a la tienda y salón recreativo Don Quijote. Curioso nombre para una de las mayores cadenas de tiendas de Japón. En sus estrechos pasillos se puede encontrar prácticamente de todo, desde disfraces de personajes de manga y anime hasta artículos para adultos, pasando por

cachivaches electrónicos, comida, ropa y complementos raros, como mochilas con formas de animales o paraguas con mangos que simulan el de una espada samurái, por decir algunos. La cosa más extraña que se te pueda ocurrir seguro que la venden en Don Quijote. Y subiendo a las plantas superiores se convierte en un enorme salón recreativo de varios pisos donde pasamos un buen rato jugando a algunas de las máquinas.

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (V): TOKYO DOME

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (V): TOKYO DOME

De camino al Tokyo Dome

   Era nuestro cuarto día de viaje en Tokyo. Al salir a la calle después del desayuno pudimos comprobar que la sensación de calor, aún siendo bastante sofocante, no era ya tan desagradable como en los días anteriores. Por eso decidimos que era buena idea ir hasta la Tokyo Dome City dando un paseo en vez de hacerlo en transporte público. Además, tampoco estaba tan lejos de nuestro hotel y esa parte del distrito de Bunkyo aún no la habíamos visto.

   El paseo fue de una media hora y lo más destacado que pudimos ver fue un pequeño templo situado en la misma calle de nuestro hotel, el Templo Reiun-ji, y un gran mosaico en la fachada de una universidad.

Un parque de atracciones en plena ciudad

   La Tokyo Dome City es un complejo de ocio, bueno, es prácticamente un parque de atracciones, situado en el centro de la ciudad. La entrada es totalmente gratuita ya que no está delimitado por ningún tipo de vallas ni nada por el estilo y solo hay que pagar entrada para subirse a algunas atracciones como la noria o la montaña rusa.

Está presidido por el Tokyo Dome, el estadio de béisbol donde juegan los Giants de Tokyo, además de albergar conciertos de música y otros espectáculos, tanto deportivos como culturales. Es un estadio totalmente cubierto y en el cual también podemos encontrar el Hall of Fame y el Museo del Béisbol de Tokio.

   De la montaña rusa, la Thunder Dolphin, lo que más impresiona es ver como hay un momento en que atraviesa una de las paredes del centro de spa Laqua, situado en la base de la atracción, y también como pasa por dentro del círculo de la noria, la Big-O.

 La montaña rusa

  Raúl y yo ya habíamos subido a la montaña rusa en el 2009 pero no pudimos resistir la tentación de repetir. Las entradas costaban 1.000 yenes, unos 7,70 € al cambio de ese momento, y se consiguen en unas máquinas expendedoras que hay a la entrada de la atracción, a la que se accede subiendo unas escaleras metálicas.

   Una vez arriba nos esperaban unos 20 minutos de cola y, mientras esperábamos, nos dimos cuenta que éramos los únicos “forasteros” que iban a subirse a la atracción.

Cuando nos tocó el turno nos recibieron unas señoritas japonesas muy simpáticas que nos indicaron que dejáramos todas las pertinencias en unas taquillas que tienen habilitadas en la zona donde para el tren de la montaña rusa. Y los japoneses, cuando dicen “todas” es todas: tenía un paquete de pañuelos de papel en un bolsillo lateral del pantalón y cuando una de las chicas se dio cuenta me los hizo dejar también.

   Una vez montados en el vagón todas las azafatas te saludan con la mano y hacen que tú también les saludes a ellas con la sonrisa típica de los japoneses, muy divertido todo.

   En cuanto al viaje, pues lo típico en una montaña rusa: la primera bajada impresiona mucho, muchísimo, y luego estás todo el trayecto intentando que tu cuello no abandone tus hombros. La verdad es que se hace corto porque la velocidad a la que se mueve el tren es bastante alta.

 Una vez bajamos de la montaña rusa y nos reencontramos con Jose aprovechamos para tomar un café en el Starbucks y hacer unas cuantas fotos a las atracciones de agua que había junto a éste.

El estadio de beisbol y la Shonen Jump

Nos dirigimos hacia la parte del estadio de béisbol donde encontramos unas largas colas para comprar entradas para algún evento. Fue curioso ver como la gente pegaba al suelo grandes cartulinas con algunas fotos o textos, suponemos que para guardarse el sitio en la cola cuando se ausentaban por algo.

 Bajando unas escaleras encontramos un paseo flanqueado por unas largas fuentes de las que emanan una especie de cascadas y detrás de estas es donde encontramos los restaurantes y las tiendas, en su mayoría de souvenires y de figuras de manga y anime. La más grande y famosa es la Shonen Jump Shop.

   Después de pasar un buen rato mirando y haciendo fotos en las tiendas nos fuimos hasta la estación de tren JR Suidobashi para llegar hasta la Tokyo Station, nuestra segunda visita del día. Pero esa ya es otra historia.

¡Hasta la próxima!

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (IV): ODAIBA (2ª PARTE)

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (IV): ODAIBA (2ª PARTE)

Un “bailarín” llamado Gundam

   Como os comenté en la anterior entrega de Historias de unas vacaciones en Tokio después de comprobar las enormes colas que había para subir al edificio Fuji TV en Odaiba, nos dirigimos hasta el otro extremo del paso elevado, donde encontramos el Divercity Tokyo Plaza, uno de los mayores centros de ocio de Tokio. Aquí es donde pudimos ver el Gundam gigante, una figura de 18 metros de alto que representa al famoso personaje de anime. Situada en una de las entradas del Divercity nos ofreció su espectáculo particular, como hace a cada hora en punto.

Después de ver “bailar” al Gundam gigante y de reírnos un poco de la exagerada reacción de los japoneses cuando el muñequito comienza a moverse volvimos al Aquacity a comer. Después de dar unas cuantas vueltas buscando alguna mesa libre en alguno de los muchos restaurantes de comida japonesa que había, cosa que fue imposible, elegimos una hamburguesería de estilo californiano, cuyos ventanales nos ofrecían una bonita vista de la bahía.

La noria del Palette Town

   Tras reposar un poquito la hamburguesa (bueno, en mi caso fue un perrito caliente) en el restaurante nos dirigimos hacia el Palette Town, otro centro de ocio presidido por una imponente noria, la Daikanransha, a la cual no dejamos pasar la oportunidad de subir. Las vistas desde lo alto de la Noria son sencillamente espectaculares, aunque, como nos había ocurrido anteriormente en el puente Rainbow, el tiempo no nos acompañaba para que las fotos salieran decentes. Es más, comenzaba a haber serias amenazas de lluvia.

   Una vez que bajamos de la noria nos dimos una vuelta por dentro del Palette Town. Entramos a la sala recreativa que hay en la planta baja. No era el primero (ni sería el último) al que entramos, pero nunca dejas de sorprenderte cuando entras a cualquiera de los muchos salones recreativos de Tokio: por lo grandes que son (muchos son edificios de varias plantas), por la cantidad de máquinas a las que puedes jugar, por las características de las máquinas (de las más modernas, con juegos de ultimísima generación, a las más clásicas, que te traen muy buenos recuerdos de infancia cuando las ves)

y, sobre todo, por el nivel de juego que tienen los jugadores japoneses, que es altísimo. Nos entretuvimos un buen rato viendo bailar a algunas japonesas en una máquina por parejas, a otros tocando la batería, jugando a juegos que requieren de mucha habilidad y reflejos, etc. Es un verdadero espectáculo digno de ver, os lo aseguro. Nosotros no pudimos dejar pasar la oportunidad de jugar a una máquina de fútbol. Os preguntaréis: ¿Fifa? ¿Pro Evolution o Wining Eleven como lo llaman ellos? Frío, frío. Era una máquina de verdadero fútbol en la que tenías que chutar el balón en una portería dividida en 9 partes y tenías 10 chutes para apagar las luces de cada una de las partes. Nos divertimos un rato intentándolo. Y no lo conseguimos, aunque por poco.

Venus Fort

A continuación fuimos al Starbucks que hay dentro del Palette Town y cuando salimos, bingo, llovía a mares. Todo el día cargado con el trípode para poder hacer fotos nocturnas del puente Rainbow y alrededores para, al llegar la noche, ponerse a llover. Es mi segundo viaje a Tokio y es la segunda vez que me quedo con las ganas de hacer fotografías nocturnas del puente Rainbow. La próxima vez será.

Como la lluvia era muy intensa lo que hicimos fue entrar al Venus Fort en el segundo piso del Palette Town, un bonito centro comercial de estilo veneciano con el techo simulando un cielo lleno de nubes.

A la salida del Venus Fort la lluvia era mucho menos intensa, así que aprovechamos para intentar llegar hasta la estación de tren y volvernos al centro de la ciudad.

   Pero a los pocos minutos la lluvia nos dio una pequeña tregua, así que sacamos el trípode y aprovechamos para hacer una cuantas fotos de la noria iluminada. Al puente Rainbow no nos daba tiempo a llegar.

   Cogimos el tren de vuelta a Ueno, nos comimos una bola de crema en el Bears Papa´s Mille-Feuille, hicimos la parada protocolaria en el Stasium y nos fuimos a cenar al hotel y a preparar la salida del día siguiente: el Tokyo Dome y la Tokyo Station.

¡See you soon!

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