HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (III): ODAIBA (1ª PARTE)

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (III): ODAIBA (1ª PARTE)

El monorrail hacia Odaiba

   En nuestro tercer día en Tokyo tomamos la línea JR Yamanote hasta Shinjuku y allí la línea Yurikamome que nos llevaría hasta Odaiba, una isla artifical situada en la bahía de Tokio en la cual se encuentran edificios de oficinas de importantes empresas y también diversos centros de ocio.

El Yurikamome es una especie de monorraíl automático, sí, habéis leído bien, automático, que funciona sin conductor, en el que te puedes poner a la cabeza del tren y hacer fotos durante el trayecto. Seguro que las fotos salen estupendas pero, desgraciadamente, no pudimos comprobarlo porque el tren estaba repleto de gente e hicimos todo el viaje prácticamente enlatados.

El Puente Rainbow

Nos bajamos en la parada anterior al comienzo del puente Rainbow porque queríamos cruzarlo a pie, como ya habíamos hecho en el viaje del 2009. El puente tiene una longitud aproximada de 1,5 Km, conecta el barrio de Shinabashi con Odaiba y es espectacular. Fue una lástima que el tiempo no acompañara ya que había mucha bruma y las vistas desde el puente quedaban un poco “borrosas” como podéis apreciar en las fotos.

   Por el puente pasa, además de la comentada línea Yurikamome, una línea JR de tren y dos autopistas. El paseo lo hicimos a través de un piso intermedio, junto a una de las dos carreteras, al cual se accede por medio de un ascensor situado al comienzo del puente, por un paso lateral peatonal, con lo cual no te da el sol y puedes huir un rato del sofocante calor. Hay un par de miradores desde los que poder fotografiar las vistas de Tokio sin que te molesten las protecciones del puente.

   Al bajar por el ascensor del otro extremo del puente lo primero que encontramos es la playa artificial de Odaiba. Y lo que te llama la atención es que normalmente está vacía. Y es que los japoneses, por lo visto, no son muy dados a tumbarse al sol o darse un bañito en el mar.

Decks,Takoyakis y la Estatua de la Libertad

 Tras el largo paseo desde el puente hasta las calles de Odaiba lo primero que visitamos fue, como no, un centro comercial para escapar del calor. En este caso era el Decks Tokyo Beach, del que llama la atención la parte posterior, con forma de casco de transatlántico, que da a lo que simula un muelle de atraque y desde

el que pudimos apreciar parte de la bahía con el puente Rainbow en primer término.

   Dentro del Decks se encuentran el museo de cera Madame Tussaud y el Legoland, a parte de diversas tiendas y restaurantes. No dejamos pasar la oportunidad de probar una ración de Takoyakis en el Takoyaki Museum. La verdad es que a mí no me apasionan demasiado esa especie de buñuelos rellenos de pulpo, pero Jose, al que sí le gustan, dijo que estaban bastante bien.

  Después de este aperitivo no nos entretuvimos mucho más dentro del Decks y rápidamente pasamos al Aquacity, el cual se encuentra casi pegado al anterior. Es un centro comercial con muchos restaurantes de todo tipo: hamburgueserías, restaurantes de ramen, restaurantes chinos, de sushi, etc., al cual volveríamos más tarde para comer.

Cruzando la calle de la parte trasera del Aquacity llegamos hasta la reproducción de la Estatua de la Libertad.

Fuji TV

   A continuación cruzamos al otro extremo de la calle a través de un enorme paso elevado que nos llevó directamente al edificio Fuji TV, sede de la famosa cadena de televisión, situado justo enfrente del Aquacity. Había muchísima gente, tanto en las atracciones para niños de la entrada como haciendo cola para visitarlo. Es un edificio muy grande, de aspecto futurista, que se caracteriza por la enorme esfera de unos 30 metros situada a más de 125 metros del suelo.

Fue imposible entrar al edificio debido a la gente que había, así que continuamos por el paso elevado para ir a ver la figura gigante de Gundam, pero esto lo dejo para un próximo post.

¡Hasta la vista!

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (II): YOYOGI Y HARAJUKU

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (II): YOYOGI Y HARAJUKU

Primer desayuno

Era nuestro segundo día de viaje, el primero completo en Tokyo. Nos levantamos a las 8 de la mañana ya que el período de desayuno en el hotel acababa a las 9:30 h.

El desayuno era tipo buffet occidental, con salchichas, ensaladilla, algo de bollería y pan de molde para hacer tostadas, yogurt, mantequilla, mermelada, etc, aunque también había algunas cosas típicas de Japón como arroz blanco, sopa de miso y algunas verduras digamos que un poco “raras”. Eso sí, lo primero que se acababa siempre era el zumo de naranja, ya que en bebidas si que estaba bastante escasa la cosa: café, leche, zumo de naranja y agua eran las opciones. Así que el zumo volaba y tenías que esperar a que una señora lo repusiera. Eso sí, cuando

avisabas que no había zumo la señora iba corriendo (literalmente) a rellenar la jarra.

De las pocas cosas que se le podrían reprochar al hotel era que la sala donde estaba la comida era muy pequeña. En el espacio entre las dos mesas no cabían 2 personas, con lo cual había que esperar a que una persona saliera de allí para poder entrar a coger la comida. Y claro, se acumulaba mucha gente. En cambio el comedor era muy amplio y no tuvimos problema ningún día en encontrar mesa libre.

Una vez desayunados nos dirigimos hacia la estación de Okachimachi, y es que la línea JR Yamanote, al ser circular, pasa por prácticamente todos los lugares importantes de la ciudad.

Yoyogi Park

Nos bajamos en Yoyogi y nos adentramos en el parque. Si fuera del parque el calor era asfixiante dentro era bastante peor.

La entrada está presidida por un enorme torii de madera al cual le sigue una larga avenida que atraviesa el parque hasta la estación de Harajuku rodeada completamente de bosque. A medio camino nos encontramos un cruce que conduce hasta el Santuario Meiji. En este cruce podemos ver una pila de bidones de sake a una banda de la avenida y otra pila de bidones de vino justo enfrente, todos ellos donados al santuario.

Muy cerca de este cruce hay una tienda de souvenires a la cual nos dirigimos antes de ir hacia el Santuario. Al llegar a la tienda no pudimos resistir la tentación de comprarnos una toalla pequeña para secarnos el sudor de la cara tal y como hacen muchos japoneses ya que el calor comenzaba a ser insoportable a medida que se acercaba el mediodía. De esta manera, a parte de lo bien que nos fue, nos sentíamos más integrados, jeje.

Ahora sí: enfilamos el camino hacia el Santuario Meiji, situado, más o menos. en el centro del parque. dedicado a los espíritus deificados del Emperador Meiji y su mujer, la Emperatriz Shoken.

Takeshitadori en Harajuku

Una vez visitado el Santuario fuimos directamente a la parte de Harajuku para poder entrar en algún centro comercial con aire acondicionado y escaparnos un rato de aquel horrible calor.

Nuestra idea era recorrer la Takeshitadori, una calle comercial famosa por sus tiendas de moda para adolescentes, y lo hicimos, pero preferimos ir primero a Omotesando Dori, una gran avenida muy larga que lleva hasta la estación de Omotesando y que está toda llena de tiendas de reconocidas marcas de moda y algún que otro centro comercial.

Volvimos a la zona de la estación de Harajuku y nos dirigimos hacia una plaza al lado de la entrada al parque. Fue allí donde nos encontramos a los famosos “Rockabillies” bailando. Nos hizo mucha gracia ya que en nuestro anterior viaje no pudimos verlos.  Justo en frente se alza imponente el Gimnasio Nacional Yoyogi, construido para las olimpiadas de Tokio de 1964.

Llegada la hora de comer nos metimos por algunas calles adyacentes a la Omotesando Dori y elegimos un resaturante al azar. Y la acertamos de pleno. El sitio era muy chulo y la comida estaba sencillamente espectacular. Y encima muy barato.

Luego continuamos nuestro paseo y descubrimos un barrio realmente tranquilo y bonito: una zona con casas pequeñas llena de tiendas, pero muy poco concurrida de gente, algo realmente extraño en Tokio ya que si hay algo por todos lados es gente.

A media tarde, cuando ya anochecía, regresamos a Ueno, al pub del que os hablé en el anterior post, el Stasium. Ya de camino al hotel hicimos una parada en un puesto, el Bears Papa´s Mille-Feuille, donde venden una especie de profiteroles gigantes rellenos de crema que están buenísimos y que ya habíamos comido en nuestro anterior viaje en el 2009.

Una vez en el hotel y después de cenar planeamos nuestra salida del día siguiente: Odaiba.

Nos vemos en el siguiente post. ¡Hasta pronto!

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (I): UENO Y AKIHABARA, PRIMER CONTACTO

HISTORIA DE UNAS VACACIONES EN TOKYO (I): UENO Y AKIHABARA, PRIMER CONTACTO

Tokyo, allá vamos

El pasado mes de Febrero, como el que no quiere la cosa, les comenté a mis amigos Raúl y Jose que los vuelos a Tokyo con la compañía Aeroflot de Rusia estaban bastante baratos. Para qué les dije nada, jaja. A los pocos días, y tras informarnos un poco de cómo era esta aerolínea, teníamos comprados los billetes y reservado un hotel en Tokio. Así comenzaba lo que sería nuestra segunda (bueno, para Jose iba a ser la tercera) visita al país nipón.

El día 10 de agosto, a eso de las 11 de la mañana nuestro avión aterrizaba en el aeropuerto de Narita, Tokio.

Tengo que decir que el vuelo en Aeroflot no estuvo nada mal, teniendo en cuenta la diferencia de precio con respecto a otras compañías aéreas que vuelan a Japón (más o menos entre un 35 y un 40% más barato). Vuelo Barcelona – Moscú de 4 horas y media y Moscú – Tokio de unas 10 horas. En total prácticamente 15 horas de vuelo que, naturalmente, se hacen pesadas, muy pesadas, pero que, al menos para mí, merecen la pena.

Skyliner a la capital

Lo primero que hicimos después de recoger nuestras maletas fue buscar la oficina del Skyliner, el tren que nos llevaría desde el aeropuerto hasta la estación de Ueno. Son unos 45 minutos de trayecto y el billete nos costó unos 2100 yenes con asiento reservado.

Al llegar a la Estación de Ueno cogimos la línea JR hasta la estación de Okachimachi, la más cercana a nuestro hotel. Era solo una parada y luego nos dimos cuenta que andando hay unos 3 ó 4 minutos desde Ueno a Okachimachi pero claro, eso no lo sabíamos.

Lo primero que notamos al salir a la calle fue el intenso calor que hacía. Un bochorno casi insoportable que nos duraría los 3 o 4 primeros días de nuestro viaje. Después se suavizó un poco la cosa.

El hotel

Nuestro hotel se encontraba a unos 10 minutos andando de la estación. No tardamos en encontrarlo gracias al mapa que llevábamos impreso de casa (siempre hay que ser precavido con estas cosas, jeje). Nos atendió una señora mayor muy amable que hablaba un poco de castellano. Nos dijo que en el hotel había muchos españoles alojados, cosa que pudimos constatar al poco rato de haber llegado.

Hay que decir que el hotel estaba bastante bien, con una muy buena relación calidad/precio. Nosotros habíamos cogido una habitación para compartirla entre los tres.

Consistía en un comedor tipo tatami con una mesa y tres sillas, un sofá de 3 plazas, televisión, nevera y un adorno que no sé bien como definirlo, parecía una fuente, pero no estoy muy seguro.

Luego teníamos la habitación con los 3 futones que, eso sí, hubiésemos dormido bien juntitos si no fuera porque por las noches sacábamos un futón al comedor. Mucho mejor así, sí señor ;). La pica del baño, el WC y la ducha estaba todo separado, lo cual nos venía muy bien para ahorrar tiempo.

Entre Ueno y Akihabara

Dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a dar una vuelta para “reconocer el terreno”. Y, ¡oh, sorpresa!, teníamos el barrio de Akihabara a tiro de piedra. No podíamos haber elegido mejor ubicación para el hotel, a 10 minutos andando de la estación de Ueno y a otros 10 minutos de Akihabara, justo a medio camino entre las dos. Sabíamos que estaban cerca pero no pensábamos que tanto. Perfecto.

Buscamos un sitio para comer y como no conocíamos muy bien la zona pues, claro, la elección no fue muy acertada. Era una cadena de restaurantes llamada Jonathan’s donde sirven hamburguesas y platos combinados. No comimos mal, pero ir a Japón y comer unos espaguetis a la carbonara pues… como que no, jeje.

Después de comer continuamos dando un paseo por Akihabara, estuvimos un rato en el Starbucks de la estación para aprovechar el wifi gratuito que teníamos al habernos registrado en la web de Starbucks Japón y luego fuimos desde la estación de Akihabara hasta la estación de Ueno siguiendo la vía. Es un camino lleno de

tiendas (nos sorprendió que hay unas cuantas de accesorios de golf) y restaurantes pequeños de comida japonesa.

Al llegar a la estación de Okachimachi la calle se convierte en una especie de mercado peatonal donde podemos encontrar desde tiendas de zapatillas deportivas hasta puestos de pescado. Todo siempre adornado con los típicos carteles luminosos que hay por todo Tokio. La verdad es que es una zona muy bonita y se pasa un buen rato mirando tiendas hasta llegar a la estación de Ueno.

El final del primer día

Una vez en Ueno nos dirigimos a un pub estilo Irlandés que hay dentro de la misma estación, el Stasium, y que ya habíamos visitado en algunas ocasiones en nuestro anterior viaje a Tokio en el 2009. Pero esta vez lo convertimos en una especie de punto y final diario, ya que allí ha sido donde hemos acabado prácticamente todos nuestros días en Tokio antes de ir al hotel a cenar. Es un sitio muy tranquilo, con buena música de ambiente y con el wifi de la estación gratuito. ¿Qué más se puede pedir? Vale, de acuerdo, no había camareras de buen ver, pero qué le vamos a hacer, jeje.

Después de estar allí un rato nos volvimos al hotel y de camino nos compramos algo de cena en uno de los muchos supermercados 24 horas que hay en Tokio. De hecho, solo al lado del Hotel teníamos 3, uno de cada cadena de las más importantes de Japón de este tipo de supermercados. Luego, ya en el hotel y después de una ducha nos comimos la cena y vimos un poco la tele, eso sí, en perfecto japonés, jaja. Y antes de ir a dormir preparamos el “planning” del día siguiente, que sería Harajuku y el parque Yoyogi. Pero eso ya lo dejo para el siguiente post.

Salu2.

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