Tokyo Station

Tras nuestra visita a la Tokyo Dome City cogimos la línea de tren JR en la estación de Suidobashi hasta la Tokyo Station, nuestra siguiente visita.

La Estación de Tokio o Tokyo Station es una de las más concurridas del país ya que en ella enlazan la mayoría de líneas de alta velocidad de Japón, los Shinkansen, además de varias líneas de tren y de metro.

La Tokyo Station fue construida hace ya un siglo. Lo que más llama la atención al llegar es la fachada del Edificio Marunouchi, convertido en el The Tokyo Station Hotel, que da a la zona de Marunouchi, muy cerca de los jardines del Palacio Imperial de Tokio. La fachada está inspirada en la Estación Central de Amsterdam, construida con ladrillos rojos y ventanales blancos típicos del estilo neorrenacentista del siglo XIX en Holanda.

Bóbeda octogonal

A ambos extremos de la fachada central nos encontramos con unas bóvedas octogonales que coronan la estación.

La verdad es que tuvimos algo de suerte ya que hasta finales del 2012 la fachada ha estado en obras varios años y no era posible disfrutar de ella ya que estaba tapada con andamios y lonas. La han rehabilitado para resistir en caso de un gran terremoto y para que su aspecto se parezca mucho más al original que antes, ya que había sufrido bastantes daños

durante la Segunda Guerra Mundial y había sido remodelada años después, perdiendo parte del atractivo original que ahora ha recuperado.

Interior de la Tokyo Station

Antes de entrar a la estación estuvimos tomando un refresco en el edificio Shin-Marunouchi, justo enfrente.

Después de reponer algo de fuerzas nos adentramos en la estación y nos encontramos con un auténtico laberinto de túneles que llevan a los diferentes andenes o a las zonas anexas a la propia estación, como la de los Shinkansen. Pero lo que a nosotros nos interesaba lo teníamos bajo nuestros pies. Al bajar unas escaleras se nos aparece todo un barrio de largas calles llenas de tiendas de ropa, de complementos y restaurantes.

Encontramos “La Calle de personajes”, con tiendas dedicadas a famosos personajes japoneses, normalmente del manga o el anime. Una de las calles más famosa es “La Calle del Ramen”, llena de restaurantes especializados en servir ramen.

Grand Tokyo North

También podemos acceder directamente a la zona de Daimaru. Es una famosa cadena japonesa que no hace mucho inauguró una de sus tiendas en un edificio adyacente a la Tokyo Station, la Grand Tokyo North Tower, pero al que podemos acceder directamente sin salir a la calle. Se trata de una zona enorme con montones de puestos de comida, tanto japonesa como más occidental, de frutas y de dulces. Platos preparados de todo tipo. Un verdadero espectáculo para el paladar.

Y aprovechamos que ya era la hora de comer para comprarnos unas ricas gyozas y unos pinchos japoneses que estaban buenísimos. Y es que habría que hacer un estudio de por qué la comida preparada en Japón está tan buena, no como la que nos venden en Europa, o al menos aquí, en España.

De postre optamos, por recomendación de Jose, por unas Tokyo Bananas, unos bizcochitos muy tiernos típicos de Tokio con forma y sabor de plátano y rellenos con una jugosa crema de plátano. Nos gustaron tanto que el día que nos volvíamos a Barcelona compramos una caja en el aeropuerto para comérnoslos en el avión.

Don Quijote

Después de pasar un buen rato viendo las tiendas y paseando por la estación decidimos volver a Ueno y, tras la ya tradicional parada en el pub irlandés Stasium, nos dimos un paseo hasta Akihabara. Por supuesto, también hicimos parada en el Bears Papa´s Mille-Feuille para comprar unas bolas de crema. Pero lo que realmente nos llevaba esta vez hasta el barrio tecnológico era una visita a la tienda y salón recreativo Don Quijote. Curioso nombre para una de las mayores cadenas de tiendas de Japón. En sus estrechos pasillos se puede encontrar prácticamente de todo, desde disfraces de personajes de manga y anime hasta artículos para adultos, pasando por

cachivaches electrónicos, comida, ropa y complementos raros, como mochilas con formas de animales o paraguas con mangos que simulan el de una espada samurái, por decir algunos. La cosa más extraña que se te pueda ocurrir seguro que la venden en Don Quijote. Y subiendo a las plantas superiores se convierte en un enorme salón recreativo de varios pisos donde pasamos un buen rato jugando a algunas de las máquinas.

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